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Escape a pie

El otro día salí a caminar. Era de noche y es raro que salga de noche.  Hacía frío y había viento. No me importó. De hecho, propició mi salida poco habitual. No me acuerdo la hora ni tampoco sé cuánto tiempo estuve afuera. Simplemente me puse un abrigo cualquiera, y a la calle. Fiel a los viejos clichés, anduve por Corrientes. Volví rápidamente a Rivadavia. Ahí estoy más cómodo. Bajé, subí. Doblé aquí y allá, y volví a bajar. Había gente afuera pero pocos vehículos. El viento siguió y apretaba las manos dentro de los bolsillos.

Caminé lo suficiente como para olvidar por qué salí. En el fondo sabía, cómo no. Pero no lo pensé. Quise salir y salí. Del lugar y del momento. Sirvió.

Volví tarde. Entré y me tiré en la cama. Me dormí rápido. No hace falta correr para huir de ciertas circunstancias. A veces, con una simple caminata basta.

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Frase hecha

Como palabras dichas en otra realidad, algunas verdades retumban en mi cabeza. Pienso en lo que podría haber sido, y me río. Me río para no llorar.

Espejo

Estaba la luna pintada como en esos viejos cuadros que creía haber visto en primera persona. Estaba la luna triste, como ese triste bufón que veo en el espejo. Estaba la luna triste pero se alivió al ver que había un personaje peor en el paisaje. Estaba la luna triste. Estaba la luna. Estaba yo.