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La (pende)patria ingenua

Hace días que tengo esta entrada pensada (atragantada) pero por culpa de un teclado vetusto no pude hacer mucho. Vamos por partes..

Un par de días antes de dejar BA, fui a Retiro a comprar los pasajes. Ese día habían dos marchas relacionadas con el matrimonio gay: una a favor, la otra en contra. Por el trayecto del 132, tuve la mala suerte de cruzarme con la marcha en contra*. Uno espera ver gente mayor en esas marchas, por una evidente generalización: todos los viejos piensan igual (y, en este caso, de manera equivocada). Pero obviamente había muchos jóvenes. Alumnos de algún colegio secundario vistiendo pecheras naranjas y sosteniendo pancartas (o como se llamen) en las calles, cuando los semáforos estaban en rojo. Vi parejas jóvenes con niños y sentí pena por esos niños, que irremediablemente crecerán inmersos en una tradición familiar discriminatoria).

Una vez en mis pagos, me enteré que el proyecto de ley fue aprobado y lamenté haberme perdido las manifestaciones de alegría que seguramente se vieron en las calles de BA.

Pero después empezó la otra cuestión que me molestó, quizás más que la estrechez mental de las viejas generaciones: la exagerada alegría de casi toda la gente que veo por internet. Algunos golpeándose el pecho y exhibiendo un orgullo por la patria (sic) que me hacía encoger los hombros. Uno pensaba que a esta altura del partido (para seguir con la seguidilla de frases hechas), la gente no sería tan ingenua (el éxito de programas como 6 7 8 me demuestra lo contrario, claramente). ¿Pero creer que somos un país líder en el mundo por sancionar una ley que de haber ido a consulta popular hubiera perdido por goleada..? En este país no hay que rascar mucho la superficie para encontrar nostálgicos de la dictadura, fanáticos de la xenofobia y demás encantos de esta Argentina querida. Sin embargo, y en una fiel muestra de cintura política, los gobernantes de turno** promueven y sancionan leyes que se ven bien, y la gente aplaude. No digo que no haya que usar calles pavimentadas a las apuradas o zapatillas regaladas antes de una elección, pero de ahí a creer que esos gestos son auténticos y no a cambio de algo hay un recorrido demasiado largo. Recorrido que la mayoría de los jóvenes no está dispuesto a hacer, obviamente. Tampoco critico a los políticos; como ejemplo de relaciones públicas, una pinturita. Hasta lo aplaudiría, si no me desagradara tanto.

¿Los jóvenes? Y bueno, así estamos. Y así estaremos. Mientras existan videos cool (maliciosamente editados), con lo mejor de los Redondos sonando de fondo, la ingenuidad gozará de buena salud. Un aplauso para el asador.





*de hecho, hice un comentario en twitter acerca de cómo ese día el color naranja me disgustaba, cuando unos días antes (por el mundial de fútbol) me encantaba.

**cómo estoy con los clichés

nota: sí, me fui al carajo con el nombre de la entrada.

aclaración (in)necesaria: por favor, la noticia me alegró. Todos deberíamos tener los mismos derechos, aunque claramente no se cumpla. Pero este país atrasa y apenas asuma un gobierno menos marketinero, todos esos cambios se van al demonio..

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